El Pincha arrancó ganando y Corinthians empató. En el descuento, le sacaron el triunfo a Correa.
Ir a buscar el pase a semifinales de la Copa Libertadores a Brasil, sin margen, es un garrón. Corinthians se terminó llevando de La Plata lo que deseaba: un empate para, como hizo con Rosario Central, cerrar la serie en San Pablo. La gran figura de Rodrigo Garro, en contraposición con la ausencia de Thiago Palacios, terminó inclinando la balanza para los brasileños.

Fue una ida de cuartos de final entre dos equipos muy físicos. A diferencia de poderosos como Flamengo o Palmeiras, el de Fernando Diniz es uno mañoso. Lo había mostrado en octavos de final en el Gigante de Arroyito. Anoche redobló la apuesta en cancha de Estudiantes. De arranque, es cierto, se pasó de rosca. Salió a guapear ante un club que, si algo siente como propio, es guerrear en esta clase de partidos. Hubo seis amonestados en el primer tiempo y pudieron ser más. También debieron irse expulsados (por doble amarilla) Guido Carrillo y Kaio César.

Ostojich, el árbitro uruguayo, hizo la vista gorda y no terminó nunca de comprometerse realmente con el partido. Fue uno de esos difíciles de dirigir y tener bajo control. Dejó pegar demasiado a pesar de la cantidad de amarillas. Corinthians entendió que no debía dejarse llevar por el marco, pero se olvidó de jugar y Depay, su figura internacional, tuvo muy poca participación.
En ese primer tiempo lleno de patadas, Estudiantes se puso rápido en ventaja. A la salida de un tiro de esquina desde la izquierda, abierto, la segunda jugada le cayó a Alexis Castro y la mandó a guardar. Hubo empujones y todo Corinthians reclamó, pero antes de los cinco minutos el Pincha se había puesto en ventaja de forma lícita. El gol lo acomodó rápido en el partido y exacerbó la agresividad de los visitantes. El Tucu Correa, de lo más picante, siempre generó peligro, pero la primera mitad se terminó yendo con más pierna fuerte que jugadas de riesgo.
El descanso le hizo mejor a Corinthians. Abajo en el marcador, se adelantó e intentó juntar pases de la mano de Rodrigo Garro. A los 4’, mismo minuto de lo que había sido el 1-0 pincha, llegó el 1-1 de los brasileños. El capitán argentino metió un pase filtrado con precisión milimétrica a la espalda de Benedetti. Kaio César se la ganó, entró al área y definió cruzado ante la salida de Muslera. Gol y silencio en La Plata. Los del Cacique Medina habían salido fríos a jugar el segundo tiempo y el empate fue un baldazo para un equipo que se sentía cómodo con la ventaja mínima de cara al partido revancha
No terminó sucediendo. Para encontrar la oportunidad más clara para volverse a poner en ventaja hay que adelantarse hasta el tiempo adicionado. En el segundo de los seis minutos agregados, Correa peinó un centro que picó, tomó velocidad y obligó a un manotazo espectacular de Hugo Souza. El arquero lo festejó como un gol, mismo puñetazo de gloria que haría un ratito después cuando quedaría confirmado el empate final.
De cara a lo que viene, Estudiantes tendrá el desafío de jugar un partido largo en San Pablo para intentar al menos ir a los penales. Lo que pasó con Central le podrá servir como una buena medida, porque los rosarinos también viajaron con un empate y lo aguantaron hasta faltando 10 minutos.
Las conclusiones de este primer partido marcan que Corinthians, si bien es un equipo agresivo, sufre la pelota parada, una de las mejores armas que tiene Estudiantes. Se puede, aunque lo de anoche haya sido un Garrón


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