Frente al sensacionalismo meteorológico, el docente e investigador de la UNNE Alejandro Ruberto propone un enfoque de bajo riesgo y mantenimiento constante de desagües para afrontar las contingencias pluviales de la región.

Las recurrentes variaciones en los patrones meteorológicos de la región del Nordeste argentino y las persistentes alertas globales sobre fenómenos climáticos generan inquietudes justificadas tanto en los sectores técnicos como en las poblaciones urbanas. En esta oportunidad, el programa radial “Algo Está Pasando” de la emisora FM VLU 88.5, perteneciente al Grupo de Medios TVO, convocó al magíster, docente e investigador del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), ingeniero Alejandro Ruberto. A través de este intercambio, el especialista contextualizó los alcances locales del fenómeno meteorológico conocido como El Niño, desestimando las aproximaciones de carácter alarmista y puntualizando las directrices de carácter preventivo y de ingeniería pluvial indispensables para las urbes costeras.

Análisis de proyecciones y el mito del súper evento
La persistente alusión mediática a un escenario catastrófico, frecuentemente catalogado de forma exagerada, exige un retorno urgente a los fundamentos metodológicos de las agencias de medición internacional. En este aspecto, la comunidad científica aboga por un riguroso apego a la prudencia técnica.
“Para poner en contexto el fenómeno de El Niño y bajar un poco los decibeles, yo sacaría en este momento la palabra ‘súper’. Nos atenemos a los datos estadísticos y a sus proyecciones. Estas proyecciones son solo a tres meses, es decir, ahora estamos analizando julio, agosto y septiembre. Es imposible hacer un pronóstico a diciembre porque carece de precisión.”
El monitoreo recurrente coordinado por los investigadores se fundamenta en un cotejo internacional riguroso de diversas plataformas científicas que reportan la evolución térmica oceánica, evitando interpretaciones apresuradas de variaciones transitorias.
“Nos tomamos el trabajo de seguir a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, que es el equivalente a nuestro Servicio Meteorológico Nacional, y a otra agencia europea. Con el seguimiento desde abril, observamos que El Niño no estaba instalado; se consolidó el mes pasado y actualmente se registra una intensidad débil. Las proyecciones de los modelos indican que podría llegar a ser moderado a fuerte.”
El carácter probabilístico y la escala geográfica
La complejidad de proyectar el comportamiento hídrico y atmosférico radica en las distorsiones inherentes a la escala de análisis. Las variables de calentamiento del océano Pacífico ecuatorial repercuten con disparidad en las distintas latitudes sudamericanas, lo que invalida cualquier generalización categórica para localidades específicas.
“Ayer participamos en un encuentro virtual con especialistas de todo el país dentro de una red de organismos argentinos y coincidimos en que un escenario moderado a fuerte es meramente probable. Hay que ser sumamente prudentes porque es un fenómeno a escala global. El Niño se produce por el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial a la altura del Ecuador, lo que genera mayor humedad en Sudamérica. Al ser un continente tan extenso, existen regiones que podrían registrar mayor humedad y otras donde esto no sucederá.”
El investigador subrayó que los datos científicos presentados por las dependencias académicas deben funcionar estrictamente como herramientas de apoyo técnico e institucional, distinguiéndolos explícitamente de las alertas operativas inmediatas que emiten los servicios de emergencias locales.
“Dado el carácter probabilístico de las estimaciones, los resultados que difundimos deben interpretarse como un soporte de seguimiento técnico y no como un pronóstico operativo de escala local para Formosa, Resistencia o Asunción.”
Medidas preventivas de bajo riesgo e infraestructura pluvial
El concepto de obras e intervenciones de bajo riesgo adquiere una relevancia estratégica en momentos de incertidumbre climática. La ingeniería civil plantea que destinar recursos a optimizar los sistemas pluviales representa un beneficio permanente para la infraestructura urbana, al margen del escenario final que presente el clima.
“Para Formosa, la interpretación de una mayor humedad se traduce en el riesgo de mayores lluvias y crecidas del río Paraná. Frente a esto, los ingenieros proponemos medidas preventivas. Consisten en revisar planes, identificar puntos críticos, definir responsables de área, realizar el seguimiento de boletines informativos y ejecutar limpiezas preventivas en desagües y reservorios. Esto incluye todo lo concerniente al drenaje pluvial de ciudades como Formosa, Resistencia y Corrientes.”
La heterogeneidad con la que se manifiesta este proceso atmosférico demanda estar preparados bajo un principio de prudencia técnica activa. De este modo, la inversión preventiva se consolida como un patrimonio urbano.
“El fenómeno es heterogéneo. Está previsto, aunque no asegurado, que llueva un poco más en el sur y centro de Brasil, mientras que en el norte de ese país se pronostican sequías. Ante estas previsiones, lo prioritario es poner en orden los desagües pluviales de manera inmediata. A esto lo definimos como medidas de bajo riesgo porque son obras preventivas que se realizan previendo el peor escenario, aunque siempre esperamos el mejor. Si finalmente el fenómeno se disipa, las obras e inversiones ya quedan realizadas en beneficio de la comunidad.”
Urgencia en los plazos y la cultura del mantenimiento
Frecuentemente, el planeamiento urbano se ve demorado por la inacción temporaria, soslayando los tiempos logísticos e hídricos requeridos para que las canalizaciones y defensas civiles operen de manera óptima antes del inicio del ciclo de mayores precipitaciones.
“Es imprescindible ejecutar las tareas de inmediato. Las obras no se resuelven de un día para el otro; las excavaciones y limpiezas demandan meses. Es momento de activar todas las tareas de prevención y mantenimiento que, en rigor, debieron estar concluidas con anterioridad.”
La disparidad en la distribución del volumen pluvial también expone la posibilidad de que, aun bajo proyecciones severas, las contingencias ocurran de forma concentrada en provincias vecinas o en el sur de Brasil, dejando un menor impacto en el territorio formoseño. Sin embargo, los antecedentes recientes imponen una lección categórica sobre la ausencia de mantenimiento.
“El comportamiento puede variar. Podríamos experimentar un evento moderado a fuerte con lluvias locales severas concentradas en Misiones o en el sur de Brasil, y aquí registrar menores precipitaciones. Recordemos las inundaciones catastróficas de marzo de 2024 en Porto Alegre: la ciudad contaba con un sistema de defensa, pero se encontraba sin el debido mantenimiento técnico. Las compuertas estaban trabadas y el agua ingresó por esos fallos de mantenimiento. Es crucial orientar el esfuerzo hacia la conservación de la infraestructura existente, dado que no construiremos obras nuevas en plazos tan breves.”
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