La flor del cocotero, una especie de palmera declarada en 2024 planta nacional de Paraguay, es un símbolo distintivo de la Navidad en este país y parte de la herencia de los pueblos indígenas guaraníes a la tradición católica de representar del pesebre, al convertirse en una ofrenda autóctona al Niño Jesús, en lugar del incienso, el oro y la mirra.
En las calles y mercados, los vendedores ofrecen esta flor marrón de forma alargada, similar a un racimo compacto con una textura fibrosa, de la que emana un perfume característico que impregna el ambiente.
El director del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, David Galeano, indicó a EFE que esta flor es “parte de la ofrenda que se le hace al Niño Jesús”
“Lo que en la antigüedad era incienso, oro y mirra, acá para nosotros es flor de coco y los frutos”, aseguró este antropólogo.
De siglos. La tradición tiene ya más de 400 años, refiere el experto, y se originó con la llegada al país de misiones de jesuitas y franciscanos quienes introdujeron la costumbre de hacer pesebres, nacida en el siglo XIII con San Francisco de Asís.
Al tener contacto con la cultura guaraní, explicó Galeano, los nacimientos adquirieron un “ropaje autóctono”, pues los indígenas incorporaron en los pesebres elementos de “aprecio” o “frutos del trabajo”, como la flor de coco y las frutas.
“La Navidad en Paraguay sin flor de coco no tendría sentido”, expresó Galeano, al explicar que la práctica se volvió “masiva” y permanece viva después de siglos.
La historiadora Margarita Miró señaló, por su parte, que “un pesebre sin flor de coco no es pesebre paraguayo”.


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