Raúl Mendoza hijo del cambista que abatió a un delincuente cuando este intentó dispararle percutando tres veces su arma, volvió a escribir una reflexión sobre el caso que todavía hoy lo tiene a su padre detenido. Compartimos.
Lobos y ovejas
Ver a mi padre con la cara deformada por los golpes, me enfurece.
Ver a mi padre de 64 años en la cama de un hospital en vez de ir a su trabajo, me humilla.
Verlo en calidad de detenido por defender su vida… me rebela.
Lleva 10 días privado de su libertad por protegerse y evitar que el delincuente, que decidió asesinarlo y le gatilló un arma tres veces, lo mate. En esta realidad él y su familia somos las víctimas, pero no somos tratados así.
Comprendo los tiempos procesales. Las pericias policiales están ya a disposición del juzgado, se demora la resolución de nuestros petitorios. ¿Será en aras de mejor justicia? Intento comprenderlo.
Pero para mi padre, para mí y para la familia es primordial su salud física, mental y la contención espiritual necesaria de rodearse de sus afectos.
Su presión arterial no se va estabilizar. Su ánimo no va a cambiar en tanto no este rodeado de los que lo queremos y lo cuidamos. El estrés de esta situación está dañando aún más su salud.
La familia pidió una “detención domiciliaria” para cumplir con las necesidades del expediente por lo menos para garantizar la contención familiar y que su salud no se siga quebrantando.
Mi padre es un hombre que en su vida solo ingreso a una comisaría para hacer su documento, y hoy por esta tragedia que no buscamos, y de la que somos las principales víctimas, está detenido hace más de 10 días.
Sigue detenido, por una situación que él no buscó.
Sigue detenido por la elección de vida de alguien que decidió en su codicia que a mi padre “le tocaba perder”.
Sigue detenido por que “los lobos” decidieron que esa “oveja” debía morir para saciar su hambre.
Pido encarecidamente a las autoridades judiciales que nos permitan cuidarlo y que resuelvan el pedido realizado por nuestro representante legal.
Raul Mendoza (h)
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