Un informe de la UCA reveló que el 46% de los hogares con personas mayores tiene ingresos insuficientes, mientras crecen las dificultades para acceder a la salud y el malestar psicológico. La desigualdad económica condiciona cada vez más las formas de transitar la vejez en Argentina
En Argentina, las condiciones económicas, el acceso a la salud, la posibilidad de alimentarse adecuadamente, el lugar donde se vive y hasta la capacidad de proyectar el futuro trazan diferencias profundas entre las distintas formas de transitar la vejez. Así lo explica el informe Vivir y envejecer en contextos de desigualdad. Evolución de la subsistencia económica, el hábitat, la salud y bienestar subjetivo en la población de 60 años y más (2017-2025), elaborado por el Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores de la Universidad Católica Argentina (UCA) y publicado semanas atrás. El estudio analiza la evolución de las condiciones de vida de las personas mayores y advierte que las desigualdades sociales siguen siendo el principal determinante de cómo se vive y se envejece en el país.
Los datos del período más reciente, correspondiente a 2024-2025, muestran un deterioro simultáneo en dimensiones fundamentales: el 46% de los hogares con personas mayores declara que sus ingresos son insuficientes, el 35,2% enfrenta dificultades para acceder a la atención de la salud por razones económicas y el 34% experimenta malestar psicológico. Si bien el informe insiste con que “No hay vejez, hay vejeces”, por las diferencias sociales, económicas y educativas de cada sujeto, coinciden en que el ajuste hace más difícil la experiencia
Cuando los ingresos ya no alcanzan
Uno de los principales problemas que atraviesan los hogares con personas mayores es que los ingresos no son suficientes. Durante el bienio 2024-2025, el 46% declaró que el dinero no alcanza para cubrir sus gastos (hubo un aumento de 5 puntos porcentuales respecto del período anterior). La situación es más grave entre los sectores de menores ingresos. En el nivel socioeconómico muy bajo, la insuficiencia alcanza al 71,1% de los hogares con personas mayores. En el nivel bajo llega al 55,2%, mientras que incluso entre los sectores medio bajos afecta al 33,1%.
De las personas mayores que viven solas, el 52,6% habita en hogares donde los ingresos son insuficientes, es decir que quienes no cuentan con otros integrantes del hogar para compartir gastos o sostener la economía cotidiana quedan especialmente expuestos al deterioro de sus ingresos. La pérdida de capacidad económica también comienza a afectar necesidades básicas. Durante el último bienio, el 18,4% de los hogares con personas mayores atravesó situaciones de inseguridad alimentaria,osea, que experiencia hambre por problemas económicos.
En los hogares de nivel socioeconómico muy bajo, la cifra asciende al 39,1%. Entre quienes viven solos, la inseguridad alimentaria alcanza al 18,1% y aumentó 6 puntos porcentuales respecto del período anterior. Además el 21,3% de los hogares con personas mayores dejó de pagar algún servicio público por razones económicas. En los sectores muy bajos, esa situación afecta al 39,4% de los hogares. El estudio vincula este crecimiento con el aumento de las tarifas y la revisión de los esquemas de asistencia social
Envejecer bien también es poder acceder a la salud
El deterioro económico tiene consecuencias directas sobre la salud. El informe registró un aumento de 9,4 puntos porcentuales en las dificultades para acceder a la atención sanitaria por razones económicas durante 2024-2025, uno de los aumentos más importantes de toda la serie. El problema es que son justamente las personas mayores quienes necesitan consultas, estudios, tratamientos y medicamentos con mayor frecuencia. El propio documento señala la importancia del sistema fragmentado que atiende a este sector, integrado por el PAMI, los hospitales públicos, otras obras sociales y las empresas de medicina prepaga.
La situación se conecta con lo que advirtió recientemente el médico y magíster en Salud Pública Oscar Atienza en diálogo con NEA HOY, cuando cuestionó el impacto de los recortes en la cobertura de medicamentos del PAMI y vinculó las dificultades económicas de los jubilados con un deterioro de sus posibilidades de sostener tratamientos esenciales. El especialista destacó el caso de Formosa y el rol del laboratorio público Laformed, que produce medicamentos utilizados para tratar enfermedades cardiovasculares, entre ellas patologías frecuentes en las personas mayores. Para Atienza, la producción pública puede convertirse en una herramienta para garantizar el acceso a tratamientos cuando el mercado y los bajos ingresos vuelven inaccesibles los medicamentos.
El malestar que crece con la desigualdad
El informe muestra un fuerte crecimiento del malestar psicológico, que pasó del 19,5% en 2017-2019 al 34% en 2024-2025. En el nivel socioeconómico muy bajo, el malestar psicológico afecta al 51,8% de las personas mayores. Más de la mitad de este grupo experimenta situaciones de ansiedad, depresión o malestar emocional. Los investigadores vinculan este crecimiento con las dificultades económicas, las restricciones en el acceso a bienes y servicios y la incertidumbre cotidiana. En otras palabras, la crisis también se procesa en la salud mental.
El bienestar subjetivo también presenta señales de deterioro. El 26,8% de las personas mayores tiene déficit de proyectos personales, una dificultad para pensar el futuro más allá de las necesidades inmediatas. El porcentaje sube al 36,6% en los sectores socioeconómicos muy bajos. Además, el 17,5% manifiesta sentimientos de infelicidad y el 16% se siente solo.


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