A 35 años del hallazgo del cuerpo de Ötzi, “El hombre de hielo”, víctima del crimen más antiguo de la historia de la humanidad

El 19 de septiembre de 1991, dos montañistas encontraron en los Alpes un cadáver congelado y avisaron a la policía creyendo que se trataba de un alpinista que se había perdido el año anterior. Cuando se analizó el cuerpo, que estaba en perfecto estado de conservación, se hizo un descubrimiento increíble: el hombre llevaba 5.300 años muerto y había sido asesinado de un flechazo y un golpe en la cabeza después de una huida desesperada

Si alguien se propusiera la descabellada tarea de hacer una cronología de casos criminales que abarcara toda la historia de la humanidad, sin dudas debería comenzar con el asesinato de Ötzi, “el hombre de hielo”, cuyo cadáver fue encontrado cinco mil años después de su muerte y el crimen del que fue objeto pudo ser reconstruido casi con precisión aunque, claro, nunca se pudo identificar a sus autores. La historia, además, digna de una novela de acción o de un thriller cinematográfico: una pelea en la que resultó herido, una huida desesperada para evitar que sus agresores lo atraparan, un cerco se va cerrando sobre la víctima, un desenlace brutal y hasta una autopsia reveladora del arma homicida y de la última comida de la víctima

Como en muchas películas policiales, la historia comienza con el hallazgo casual de un cuerpo en un sitio casi inaccesible. Cuando el 19 de septiembre de 1991 descubrieron los restos de un hombre a 3.120 metros de altura en los Alpes de Ötztal, cerca de la frontera entre Italia y Austria, los montañistas alemanes Helmut y Erika Simon creyeron que se trataba de un alpinista desaparecido el año anterior. El cadáver congelado estaba, si se puede decir así, en muy buenas condiciones, semienterrado en la nieve y el hielo. No tuvieron dudas de que el hombre que yacía boca abajo, con un brazo extendido, estaba muerto. No miraron mucho ni tocaron nada y se apresuraron a descender por la ladera del Finialspitze hacia el refugio de montaña para avisar a la policía. Ya había oscurecido cuando llegaron, de modo que hubo que esperar hasta el día siguiente para que un equipo de la policía austríaca fuera al lugar en helicóptero

Al llegar a la escena del crimen, uno de los agentes intentó liberar el cuerpo del hielo con una perforadora neumática, pero no pudo. En cambio, durante el intento le atravesó la cadera izquierda y desgarró parte de la ropa. El rescate del cuerpo demoró tres días, durante los cuales, al correrse la voz del hallazgo, fueron al lugar varios montañistas curiosos, algunos de los cuales burlaron la vigilancia policial y se robaron algunos objetos que estaban cerca del muerto.

Mezclado entre los curiosos estaba el alpinista austríaco Reinhold Messner, que fue el primero en darse cuenta de que allí había algo raro: cerca del cadáver había un hacha rustica y un arco de madera, objetos que ningún montañista llevaría consigo en una excursión. Además, la piel del cadáver estaba tan curtida como el cuero. Les dijo a los integrantes del equipo de rescate que tuvieran cuidado, que ese hombre no era el montañista desaparecido el año anterior sino alguien mucho más antiguo. Calculó que podía haber muerto hacía cientos o quizás miles de años.

El cuerpo y los objetos que había a su alrededor fueron trasladados al Instituto Forense de Innsbruck, en Austria, donde Konrad Spindler, director del Instituto para la Prehistoria, confirmó que se trataba de un importante hallazgo arqueológico. Examinó e hizo analizar el cadáver y los objetos encontrados alrededor. El hacha era una hoja de metal en forma de cuña, unida con una cuerda a un mango curvo de madera de tejo, y había sido fundida con rebordes en sus cuatro lados. A primera vista estableció que podía datar de la Edad de Bronce, unos 2.000 años A.C. Pero una suerte de mochila de corteza de árbol y el arco podían ser todavía más antiguos. Finalmente, los análisis de Carbono 14 que se realizaron sobre los huesos y los tejidos en laboratorios especializados de Zúrich y Oxford, determinaron que el hombre había vivido hacía aproximadamente 5.300 años. Gracias a las bajas temperaturas, se había momificado naturalmente y estaba en perfecto estado de conservación, prácticamente intacto

Ötzi, como lo bautizó la prensa por los Alpes de Ötztal, era la momia mejor conservada de forma natural del mundo. Pronto se descubriría también que el hombre de hielo —como también se lo llamó— no había muerto de forma natural, sino que fue víctima de un asesinato brutal, un homicidio cometido en la prehistoria de la humanidad

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