En el territorio recuperado de Punta Querandí, comunidades indígenas celebraron el Inti Raymi como una práctica viva de renovación, memoria y resistencia. Entre ceremonias, fogones y encuentro comunitario, la celebración reafirmó la defensa de los humedales y la presencia histórica de los pueblos originarios frente al avance inmobiliario en el norte del conurbano bonaerense.

Cada junio, cuando el sol alcanza su punto más lejano en el hemisferio sur y comienza un nuevo ciclo, comunidades indígenas de distintas regiones de Abya Yala celebran el Inti Raymi, una ceremonia ancestral vinculada al tiempo de la cosecha, el agradecimiento y la renovación de la vida colectiva. En el territorio de Punta Querandí, en el norte del conurbano bonaerense, esa ceremonia adquiere además otro sentido: sostener la memoria indígena en uno de los territorios más disputados por el avance inmobiliario en el área metropolitana.

Punta Querandí, ubicada entre humedales y cursos de agua del partido de Tigre, es desde hace más de una década un espacio de recuperación territorial, defensa ambiental y fortalecimiento comunitario impulsado por integrantes de pueblos originarios y organizaciones solidarias. Allí, el Inti Raymi no aparece como una reconstrucción folclórica ni como una postal turística del pasado: es una práctica viva que enlaza espiritualidad, territorio y organización.
La celebración del Año Nuevo andino reúne cada año a familias, referentes comunitarios, vecinas y vecinos que llegan para compartir ceremonias, música, comidas colectivas y momentos de reflexión sobre el presente de los pueblos indígenas. El eje está puesto en el retorno del sol y en la idea de que cada nuevo ciclo exige revisar el vínculo con el entorno y con quienes sostienen la vida comunitaria.
Santiago Chara, cacique de una comunidad qom-toba de Benavidez, partido Tigre, integrante del Consejo de Ancianos de Punta Querandí y también integrante de la Unión de Pueblos Originarios de Tigre y Escobar; señala que hicieron “una vigilia toda la noche (del sábado 20 de junio) con fogones y una reunión de personas que vinieron de distintos lugares para compartir experiencias y conocimientos de cada uno; esperando la salida del sol del nuevo año”.
En Punta Querandí, esa memoria dialoga con una historia propia de resistencia. El lugar se convirtió en símbolo de las disputas por el uso del suelo en el norte del Gran Buenos Aires, donde barrios privados y emprendimientos inmobiliarios avanzaron durante décadas sobre humedales, espacios de valor arqueológico y territorios vinculados históricamente con comunidades indígenas.
La recuperación del sitio permitió además visibilizar una historia sistemáticamente desplazada del relato oficial: la presencia indígena en el área metropolitana. Frente a una narrativa que durante décadas insistió en imaginar a Buenos Aires como una ciudad “sin indígenas”, experiencias como Punta Querandí recuerdan que los pueblos originarios nunca desaparecieron; fueron invisibilizados, expulsados o incorporados bajo categorías que negaban su continuidad histórica.
Celebrar el Inti Raymi en ese contexto implica afirmar otra relación con el territorio. No se trata solamente de conmemorar un calendario ancestral sino de sostener una práctica política y comunitaria que discute el modelo de ciudad, la apropiación privada de bienes comunes y las formas en que se construye la memoria. Santiago Cahra indica que “cada año que pasa nos vamos renovando y la gente también que nos está apoyando da mucha fuerza para que podamos seguir luchando y que no nos quiten este lugar los grandes emprendedores de los countries”
Con el fuego ceremonial y el recibimiento del nuevo ciclo solar, Punta Querandí vuelve a convertirse en un punto de encuentro entre distintas experiencias indígenas del presente. Allí donde el mercado imagina tierra disponible, las comunidades recuerdan que hay historias, vínculos y formas de habitar que siguen vivas. El Inti Raymi no habla de un pasado detenido: habla de continuidad, de territorio y de futuro.


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