Campeón del Open Water Argentina y referente emergente de las aguas abiertas, el formoseño Mauricio Arias logró una clasificación histórica al X-Waters. Entre logros deportivos y sacrificios silenciosos, ahora enfrenta el desafío de llegar a Rusia.
Hay historias que no empiezan en un podio, sino mucho antes. En madrugadas frías, en entrenamientos que se repiten cuando nadie mira, en el esfuerzo constante de quien decide no rendirse. La de Mauricio Arias es una de ellas. Y hoy, esa historia que nació en Formosa está a punto de cruzar fronteras.

Con apenas 19 años, el nadador del Club Natalú se consagró campeón del circuito Open Water Argentina (OWA), el principal calendario nacional de aguas abiertas. Ese logro no solo confirmó su lugar entre los mejores del país, sino que le abrió una puerta enorme: la clasificación al X-Waters, una de las competencias internacionales más exigentes del mundo, que se disputará en Rusia. No fue un golpe de suerte. Fue una construcción.
A lo largo de la temporada, Arias mostró un nivel sostenido que lo llevó a dominar el circuito. Ganó competencias clave, subió al podio en distintos escenarios del país y se consolidó como un nombre propio dentro de la disciplina. Balcarce, Goya, el Río Paraná, el Uruguay: distintos paisajes, un mismo protagonista
Cada una de esas pruebas tuvo algo en común: la resistencia. Porque en aguas abiertas no alcanza con nadar rápido. Hay que saber leer el agua, adaptarse a las condiciones, sostener el ritmo cuando el cuerpo empieza a pedir freno. Y ahí, Arias hizo la diferencia. Pero el rendimiento deportivo es solo una parte de la historia.
Detrás de cada resultado hay un camino mucho más largo, marcado por la constancia y el sacrificio. Entrenamientos diarios que combinan pileta, río y preparación física, en un proceso donde el acompañamiento del Estado provincial también tuvo un rol clave: desde el acceso a instalaciones hasta el apoyo en pasajes en distintas competencias. El propio Arias detalló a NEA HOY que el uso de la piscina significó un salto en su rendimiento, permitiéndole mejorar tiempos, técnica y preparación. Ese respaldo, articulado con el esfuerzo personal, hoy se traduce en resultados concretos dentro del alto rendimiento.
En ese recorrido también hay otros pilares: su familia, sus entrenadores (Humberto Alucín y Delia Díaz) y el entorno que lo acompañó desde el inicio. Porque en deportes como la natación de aguas abiertas, donde el esfuerzo es individual, el sostén colectivo se vuelve fundamental. Arias no solo entrena: construye una carrera. Y lo hace mientras equilibra su vida personal y sus estudios, sumando un desafío más a un camino que ya de por sí es exigente.
El punto cúlmine llegó con una nueva consagración en el OWA (en la edición pasada también fue campeón). Ese título, que premia la regularidad y el rendimiento a lo largo de toda la temporada, fue el pasaje directo a una vidriera internacional. El X-Waters no es una competencia más: es un circuito de elite que reúne a nadadores de distintos países en escenarios naturales extremos, donde cada detalle cuenta.
En esta edición, que se disputará el 25 y 26 de julio de 2026, el desafío será aún mayor: cruzar el río más grande de Europa en pruebas de 1, 2, 3, 5, 10 y hasta 30 kilómetros, además de instancias formativas.
Mauricio Arias compitiendo en la piscina olímpica de Formosa. Foto: Patito fotografía.Para Mauricio, estar ahí significa cumplir un sueño. Pero también es una oportunidad: medirse con los mejores, crecer, y demostrar que desde Formosa también se puede competir al más alto nivel.
Sin embargo, como ocurre con muchas competencias de este calibre, el desafío no termina con la clasificación. El viaje a Rusia implica un costo elevado: pasajes, estadía, inscripción y preparación específica. Un esfuerzo económico que hoy se convierte en un objetivo más a superar, porque mientras en el agua ya demostró estar a la altura, fuera de ella todavía queda una carrera por correr.
Aun así, la meta sigue intacta. Porque hay algo que no se entrena, pero que define a los deportistas que llegan lejos: la convicción. Esa certeza interna que empuja incluso cuando el camino se vuelve cuesta arriba. Esa idea, simple pero poderosa, de que el esfuerzo vale la pena.
Mauricio Arias ya dio el primer gran paso. Se ganó su lugar, se hizo nombre y llevó a Formosa a lo más alto del país en aguas abiertas. Ahora quiere ir por más.
Rusia aparece en el horizonte como un destino lejano, pero posible. Y en cada brazada que lo trajo hasta acá hay una señal clara: los sueños, cuando se sostienen en el tiempo, dejan de ser imposibles. Desde el norte argentino hacia el mundo, su historia no es solo la de un nadador. Es la de alguien que decidió ir más allá.


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