Con el consumo en su piso histórico, Paoltroni dijo que comer carne «es un lujo»

El Senador nacional Francisco Paoltroni defendió la fuerte suba del precio de la carne vacuna y sostuvo que su consumo “es un lujo” comparable a manejar una Ferrari. Sus declaraciones despertaron cientos de críticas y reavivaron el debate sobre el impacto de los aumentos —que superan ampliamente la inflación— y la caída histórica del consumo en los hogares argentinos.

El Senador nacional por Formosa, Francisco Paoltroni, volvió a quedar en el centro de la polémica tras afirmar que «comer carne vacuna en el mundo es un lujo y Argentina va camino a esa normalidad» en un intento por justificar la fuerte suba de precios y la caída histórica del consumo interno. Sus declaraciones, lejos de apaciguar el malestar social, despertaron cientos de críticas de propios y extraños: ¿es la carne un lujo al que los argentinos deben resignarse?

Paoltroni, productor agropecuario y recientemente reincorporado al bloque de La Libertad Avanza, defendió la recomposición de precios bajo el argumento de que durante «80 años la carne fue la más barata del mundo» en el país y que eso habría perjudicado el desarrollo ganadero. Sin embargo, su razonamiento omite un dato central: la carne vacuna no es un bien suntuario en la cultura argentina, sino un alimento básico que forma parte de la dieta cotidiana y de la identidad nacional.

Comparar el consumo de un corte popular con «andar en Ferrari» expone, para varios medios, una desconexión con la realidad económica de millones de hogares. Según datos sectoriales, en 2025 la carne aumentó alrededor de un 70%, más del doble que la inflación promedio, y en los primeros meses de 2026 ya acumula otro 20%. El consumo, en paralelo, cayó a menos de 48 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en décadas.

El Senador sostiene que en el mundo la carne vacuna ocupa un lugar secundario frente al pescado, el pollo o el cerdo, y que su precio responde a una «normalidad internacional». No obstante, trasladar esa lógica de mercado a un país donde el asado no es un lujo sino un ritual social implica asumir un cambio cultural forzado por la pérdida de poder adquisitivo, más que por una transformación voluntaria de hábitos alimentarios.

Paoltroni y un relato alejado de la realidad

Atribuir la suba de precios casi exclusivamente a la «recomposición del stock» ganadero deja en un segundo plano otras variables que inciden en la formación del valor de la carne: la flexibilización de exportaciones, la evolución del tipo de cambio y la creciente competencia entre el mercado interno y la demanda externa. En ese marco, el debate de fondo pasa por determinar si la «normalización» a la que alude Francisco Paoltroni implica que los precios locales queden cada vez más atados a la lógica internacional, aun cuando eso tenga impacto directo en el consumo doméstico.

La afirmación de que «el lomo va a ser para pocos» puede leerse como una descripción del comportamiento global del mercado cárnico. Sin embargo, adquiere otra dimensión cuando proviene de un senador nacional, con responsabilidad en la definición de políticas públicas. El planteo trasciende la discusión sectorial y se inscribe en un debate más amplio sobre el modelo productivo y sus efectos sociales.

En un contexto de salarios que todavía no recuperan plenamente el poder adquisitivo perdido y con indicadores sociales en tensión, considerar a la carne vacuna como un bien de lujo introduce un interrogante central: si la convergencia hacia estándares internacionales debe darse sin mecanismos que amortigüen su impacto en el consumo interno. La discusión, así, no se limita a una comparación retórica con una Ferrari, sino al alcance real de esa «normalidad» en la mesa de los argentinos

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