{"id":35391,"date":"2025-04-19T09:09:42","date_gmt":"2025-04-19T12:09:42","guid":{"rendered":"http:\/\/primiciasclorinda.com\/?p=35391"},"modified":"2025-04-19T09:09:42","modified_gmt":"2025-04-19T12:09:42","slug":"la-casa-esta-en-orden-y-el-recuerdo-del-primer-levantamiento-carapintada-cuando-la-democracia-recuperada-estuvo-en-peligro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primiciasclorinda.com\/?p=35391","title":{"rendered":"\u201cLa casa est\u00e1 en orden\u201d y el recuerdo del primer levantamiento carapintada: cuando la democracia recuperada estuvo en peligro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ra\u00fal Alfons\u00edn era el presidente de la Naci\u00f3n. Habl\u00f3 al pa\u00eds luego de estar cara a cara con los sublevados que encabezaba Aldo Rico. Los apoyos, la gente en la calle y el ba\u00f1o de sangre que se evit\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La frase pas\u00f3 a la historia, pero no tal como fue dicha. Fue una deformaci\u00f3n de la historia, una m\u00e1s, en un drama que dur\u00f3 tres d\u00edas interminables, que puso en jaque a la democracia recuperada apenas tres a\u00f1os y cuatro meses antes, que ech\u00f3 sobre la sociedad la pesada sombra de una eventual nueva dictadura militar, o al menos engord\u00f3 los fantasmas de la anterior, y sell\u00f3 la aparici\u00f3n en la agitada vida pol\u00edtica argentina de un fen\u00f3meno nuevo, los carapintadas, que llevar\u00eda otros tres largos a\u00f1os, y muchas muertes, sepultar en el mar de sus delirios que llevar\u00edan al asesinato de sus propios camaradas de armas. Tambi\u00e9n sell\u00f3, de alguna manera, el destino del primer gobierno de aquella democracia todav\u00eda en pa\u00f1ales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 19 de abril de 1987, hace ya treinta y ocho a\u00f1os, el entonces presidente Ra\u00fal Alfons\u00edn sali\u00f3 al magn\u00e9tico balc\u00f3n de la Casa de Gobierno, ese p\u00falpito pol\u00edtico que ning\u00fan presidente puede o quiere evitar, para hablar ante una multitud que deliraba all\u00ed abajo, en el otro p\u00falpito magn\u00e9tico: la Plaza de Mayo. Alfons\u00edn volv\u00eda de Campo de Mayo, de una misi\u00f3n incierta y peligrosa: disuadir a un grupo de militares sublevados contra su gobierno, o contra la conducci\u00f3n del Ej\u00e9rcito, o contra los resortes de la democracia, o contra los procesos que el Poder Judicial encaraba contra quienes hab\u00edan cometido delitos de lesa humanidad durante la dictadura, o contra todos esos motivos juntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alfons\u00edn pronunci\u00f3 las palabras que se hicieron historia: \u201c\u00a1Felices Pascuas! \u00a1La casa est\u00e1 en orden!\u201d, pero que no fueron dichas as\u00ed, en ese orden. La frase, fuera de contexto, dej\u00f3 siempre mal parado al entonces Presidente, como si una especie de ceguera pol\u00edtica le hubiese hecho perder de vista la gravedad del drama que llegaba a su fin. Pero, a\u00fan fuera de contexto, hab\u00eda puesto fin a la sublevaci\u00f3n militar de los malos augurios, contra la que tambi\u00e9n se hab\u00eda sublevado una multitud que desbord\u00f3 la Plaza, y desbord\u00f3 tambi\u00e9n los terrenos de Campo de Mayo, donde los amotinados aguardaban atrincherados y con las caras embetunadas, en un nuevo look guerrero in\u00e9dito en los tradicionales alzamientos castrenses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo hab\u00eda empezado en la ma\u00f1ana del mi\u00e9rcoles 15 de abril, v\u00edsperas de Semana Santa, cuando el mayor Ernesto Barreiro decidi\u00f3 no presentarse ante la justicia que quer\u00eda indagarlo porque estaba denunciado como uno de los jefes de torturadores del centro clandestino de detenci\u00f3n La Perla, que durante la dictadura hab\u00eda funcionado en C\u00f3rdoba y dentro del Cuerpo de Ej\u00e9rcito III que comandaba el general Luciano Benjam\u00edn Men\u00e9ndez. Barreiro fue condenado a\u00f1os despu\u00e9s a cadena perpetua por cientos de asesinatos y torturas y por el robo de beb\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los vientos de sublevaci\u00f3n militar sacud\u00edan ya el gobierno de Alfons\u00edn. El a\u00f1o anterior a la rebeld\u00eda de Barreiro, una bomba hab\u00eda sido descubierta y desactivada en el trayecto que Alfons\u00edn deb\u00eda hacer en su recorrida por ese mismo Cuerpo de Ej\u00e9rcito. En diciembre de ese 1986 el Congreso hab\u00eda sancionado la llamada Ley de Punto Final que establec\u00eda la prescripci\u00f3n de los delitos (desaparici\u00f3n de personas, torturas, homicidios) para todos quienes no fuesen llamados a declarar \u201cantes de los sesenta d\u00edas corridos\u201d desde la promulgaci\u00f3n de la ley. Los juicios contra los militares acusados de cr\u00edmenes de lesa humanidad se aceleraron. Y la rebeli\u00f3n de los j\u00f3venes capitanes y tenientes coroneles y coroneles, muchos de ellos veteranos de Malvinas, tambi\u00e9n se aceler\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 23 de marzo de 1987, Alfons\u00edn denunci\u00f3 en un discurso en Las Perdices, C\u00f3rdoba, una campa\u00f1a desestabilizadora \u201cde los nazis de siempre\u201d. El gobierno no ignoraba que el embri\u00f3n de la sublevaci\u00f3n estaba a punto de estallar, alimentado por el llamado a indagatoria de oficiales que hab\u00edan formado parte del terrorismo de Estado. La apertura de los procesos judiciales hab\u00eda sido determinada por el famoso \u201cPunto treinta\u201d de la sentencia que, en 1985, hab\u00eda juzgado y condenado a las tres primeras juntas militares de la dictadura. A\u00fan con esos claros indicios de malestar militar, el mi\u00e9rcoles 15 de abril Alfons\u00edn, con un dejo de candor, pregunt\u00f3 si pod\u00eda ir a pasar la Semana Santa a Chascom\u00fas, junto a su familia. Aunque todav\u00eda parece mentira, su ministro de Defensa, Jos\u00e9 Mar\u00eda Jaunarena, le dijo que s\u00ed: ten\u00eda confirmado por la jefatura de Ej\u00e9rcito, a cargo del general H\u00e9ctor R\u00edos Ere\u00f1\u00fa, que Barreiro iba a presentarse ante el juez federal de C\u00f3rdoba, Gustavo Becerra Ferrer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No era verdad. El d\u00eda anterior, martes 14, Barreiro le hab\u00eda dicho a su jefe, el coronel Luis Polo, a cargo del regimiento 14 de Infanter\u00eda Aerotransportada de C\u00f3rdoba, que no se iba a presentar ante la Justicia. A principios de ese mes, Polo le hab\u00eda aconsejado a Barreiro que viajara a Buenos Aires para reunirse con el coronel Aldo Rico, que planeaba una sublevaci\u00f3n si segu\u00edan los juicios a sus camaradas. De manera que Polo cobij\u00f3 de inmediato a Barreiro bajo el ala amplia de su poderoso regimiento. En el gobierno aplicaron el duro reglamento militar para solucionar el entredicho: Jaunarena dio de baja a Barreiro y orden\u00f3 al jefe del Cuerpo III, general Antonio Fichera, que pusiera las cosas en orden en el regimiento comandado por el levantisco coronel Polo, que tambi\u00e9n hab\u00eda sido declarado en rebeld\u00eda y dado de baja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero Fichera no ten\u00eda intenci\u00f3n alguna de obedecer al Gobierno porque \u00e9l mismo se ve\u00eda citado a declarar por la justicia en un futuro cercano: hab\u00eda estado a cargo de dos centros clandestinos de detenci\u00f3n durante la dictadura. El plazo para que Barreiro se presentara ante el juez Becerra Ferrer venc\u00eda a las cuatro y media de la tarde de mi\u00e9rcoles 15. Cuando ese plazo venci\u00f3, el juez envi\u00f3 a la polic\u00eda cordobesa para que detuviera a Barreiro: no pasaron de la pesada tranquera de entrada de la unidad militar. Por la noche de ese mi\u00e9rcoles, un peque\u00f1o grupo de militares a punto de sublevarse, el teniente coronel Enrique Venturino, el capit\u00e1n Gustavo Breide Obeid entre ellos, se adue\u00f1aron en Campo de Mayo de la secci\u00f3n de Inteligencia y convocaron a Aldo Rico a que \u201cbajara \u201d a Buenos Aires: era jefe del Regimiento 18 de Infanter\u00eda de San Javier, Misiones. Rico lleg\u00f3 a la capital en la ma\u00f1ana del jueves 16.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las seis de la ma\u00f1ana de ese mismo jueves, en el Edificio C\u00f3ndor, el jefe de la Fuerza A\u00e9rea, brigadier Ernesto Crespo, y otros siete jefes militares analizaron qu\u00e9 era lo que pasaba en el Ej\u00e9rcito. Concluyeron que no se trataba de un intento de golpe de Estado, sino de una rebeld\u00eda interna; alguien la calific\u00f3 de una protesta \u201ccasi gremial: ni siquiera tomaron una radio\u201d. \u00bfQu\u00e9 era entonces? Lo mismo se preguntaba Alfons\u00edn que, a esa hora, hab\u00eda regresado de Chascom\u00fas y puteaba en voz baja mientras se preguntaba \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no me avisaron? \u00a1C\u00f3mo no lo supimos antes?\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el edificio \u201cC\u00f3ndor\u201d, sede de la Fuerza A\u00e9rea, Crespo se comunic\u00f3 con el arzobispo de C\u00f3rdoba y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cardenal Ra\u00fal Francisco Primatesta. Le pidi\u00f3 que mediara en el conflicto desatado en el regimiento cordob\u00e9s. Primatesta ya estaba sobre aviso: dos llamados directos desde el gobierno le hab\u00edan pedido lo mismo. Uno le hab\u00eda llegado de parte del titular de la Secretar\u00eda de Inteligencia del Estado, Facundo Su\u00e1rez. El otro hab\u00eda sido del ministro del Interior, Antonio Tr\u00f3ccoli.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A poco del mediod\u00eda del jueves 16, Primatesta entr\u00f3 con el auto del arzobispado al Regimiento 14 para entrevistarse con el coronel Polo y con Barreiro. En el libro \u201cL\u00ednea de Fuego\u201d, tal vez un tanto apolog\u00e9tico, sus autores, H\u00e9ctor Simeoni y Eduardo Allegri, sostienen que el cardenal le present\u00f3 a Barreiro dos opciones: o se entregaba, o eleg\u00eda fugarse del cuartel hacia un pa\u00eds lim\u00edtrofe. Las dos opciones, dijo Primatesta, proven\u00edan del Gobierno; adem\u00e1s, le garantizaban al futuro pr\u00f3fugo todas las garant\u00edas para que no fuese detenido en su huida. A esas horas, el coronel Aldo Rico estaba a punto de tomar la Escuela de Infanter\u00eda de Campo de Mayo, a la que hab\u00edan llegado varios oficiales rebeldes. Las exigencias ahora alcanzaban a la jefatura del Ej\u00e9rcito: los rebeldes ped\u00edan el retiro de R\u00edos Ere\u00f1\u00fa, que ya le hab\u00eda anticipado a Alfons\u00edn que se ir\u00eda del Ej\u00e9rcito ni bien terminado el amotinamiento, y que fuese designado un general propuesto por los rebeldes. Los sublevados, que no hab\u00edan tomado ninguna radio pero exig\u00edan dictar la pol\u00edtica militar del gobierno, tampoco parec\u00edan comprender el repudio que la rebeli\u00f3n despertaba en la sociedad: si no aspiraban a dar un golpe de Estado, \u00bfC\u00f3mo era que los tomaban por golpistas?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quienes s\u00ed se ocuparon de ir a las radios en esas horas fueron los dirigentes de la entonces Junta Coordinadora Nacional del radicalismo: Enrique Nosiglia, Jes\u00fas Rodr\u00edguez, Federico Storani, Marcelo Stubrin y Leopoldo Moreau. Denunciaron la rebeli\u00f3n y convocaron a una manifestaci\u00f3n de apoyo al gobierno en Plaza de Mayo y en la Plaza de los Dos Congresos, bajo el lema \u201cDemocracia o dictadura\u201d. Alfons\u00edn hab\u00eda decidido hablar esa tarde ante la Asamblea Legislativa, convocada de urgencia. Mientras tanto, en Campo de Mayo, a las cuatro de la tarde, el entonces juez federal de San Isidro, Alberto Piotti, se present\u00f3 junto a uno de sus secretarios a intimar la rendici\u00f3n de los rebeldes. Fue la primera vez en la larga lista de golpes de estado y sublevaciones varias, que un juez exhortaba a los amotinados a entregarse. Los rebeldes recibieron las dos intimaciones judiciales de Piotti con cierto desd\u00e9n e invitaron al juez a retirarse. Piotti y su secretario lo hicieron, sin poder evitar la dram\u00e1tica sensaci\u00f3n de que pod\u00edan ser baleados por la espalda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En C\u00f3rdoba, mientras, sucedieron dos cosas. El medio centenar de periodistas apostados frente a la tranquera del Regimiento 14 entendi\u00f3 que el n\u00facleo informativo de la rebeli\u00f3n ya no estaba en C\u00f3rdoba: hab\u00eda pasado a Campo de Mayo y a la Escuela de Infanter\u00eda. Lo segundo que ocurri\u00f3 fue que el coronel Polo, con un andar cansino y ensombrecido, hab\u00eda perdido su carrera militar, se lleg\u00f3 hasta la tranquera de su unidad para enfrentar a los periodistas. Casi no respondi\u00f3 a las preguntas que le llovieron y hasta parec\u00eda disfrutar del enjambre de micr\u00f3fonos que lo rodeaban. Se origin\u00f3 entonces una especie de debate casi gramatical para desentra\u00f1ar la etimolog\u00eda de palabras como huido, pr\u00f3fugo, escondido, fugado, rebelde, amotinado y otras tonter\u00edas por el estilo. Mientras esta escena de burlesque se desarrollaba, a unos ochenta metros de all\u00ed, por otra tranquera, sali\u00f3 del regimiento el auto del arzobispado con Primatesta en su interior. Por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n, los periodistas pensaron entonces que, junto con el cardenal, sal\u00eda tambi\u00e9n el mayor Barreiro del regimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hostilidad hacia Polo se hizo un poco mayor. Le preguntaron si Barreiro segu\u00eda escondido o no en su regimiento, o se hab\u00eda fugado, cu\u00e1ndo y hacia d\u00f3nde. Al m\u00ednimo indicio de tornar a definiciones etimol\u00f3gicas, uno de los periodistas le dijo a Polo: \u201cCoronel, no hagamos de esto un drama sem\u00e1ntico. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el mayor Barreiro?\u201d. Polo lo fulmin\u00f3 con la mirada, vio que el periodista hab\u00eda adelantado apenas la punta de su zapato por debajo de la tranquera de entrada y le dijo: \u201cSaque los pies de mi regimiento\u201d. Y el periodista: \u201cCoronel, es un solo pie: no hagamos de esto un drama entre plural y singular. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el mayor Barreiro?\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alfons\u00edn habl\u00f3 ante la Asamblea Legislativa a las ocho de la noche, para decir que no negociar\u00eda con los insubordinados; no los llam\u00f3 golpistas, aunque en la calle el fervor popular los juzgaba as\u00ed; rechaz\u00f3 las presiones destinadas a cambiar la situaci\u00f3n procesal de cualquier acusado y por la noche, oy\u00f3 a R\u00edos Ere\u00f1\u00fa y a su edec\u00e1n, el teniente coronel Julio Hang, explicarle qui\u00e9n era Aldo Rico, que a todo esto ya estaba al frente de lo que llam\u00f3 \u201cOperaci\u00f3n Dignidad\u201d, y que contaba con el apoyo de varios regimientos del interior: Tucum\u00e1n, C\u00f3rdoba, Corrientes, Neuqu\u00e9n y Santa Cruz. El \u201cestado mayor\u201d de Rico estaba integrado por los coroneles Arturo Gonz\u00e1lez Naya, Horacio Mart\u00ednez Zuvir\u00eda, el teniente coronel Venturino y los capitanes Breide Obeid y Pedro Mercado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Millones de personas salieron a las calles en todas las ciudades del pa\u00eds para oponerse a la sublevaci\u00f3n; la CGT con Sa\u00fal Ubaldini como secretario general y el PJ a cargo de Antonio Cafiero, dieron su apoyo al gobierno. La CGT declar\u00f3 una huelga general y la televisi\u00f3n empez\u00f3 a transmitir casi en cadena las dram\u00e1ticas horas de aquella Semana Santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie sab\u00eda qu\u00e9 pod\u00edan hacer los sublevados. Alguno de los ministros de Alfons\u00edn lo alertaron sobre un eventual e inminente empeoramiento de la crisis; le hablaron de la locura fan\u00e1tica de los rebeldes. En su libro, tal vez tambi\u00e9n un tanto apolog\u00e9tico, \u201cEl planisferio invertido\u201d, su autor, Pablo Gerchunoff revela: \u201cCon la colaboraci\u00f3n del brigadier general Ernesto Horacio Crespo, acondicionaron especialmente un avi\u00f3n Boeing 707 que tendr\u00eda quince horas de autonom\u00eda de vuelo. Eran momentos de excitaci\u00f3n y creatividad. Si se llegaba al extremo de que el presidente no pudiera gobernar desde la Casa Rosada, lo har\u00eda desde el aire. Alfons\u00edn se enter\u00f3 de la iniciativa cuando ya todo hab\u00eda terminado\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los rebeldes hab\u00edan lanzado un \u201cComunicado n\u00famero 1\u2033, le\u00eddo por Rico, que planteaba el apoyo a Barreiro, declaraba extinguidas las esperanzas puestas en que la conducci\u00f3n del arma pusiera fin \u201ca las injusticias y humillaciones que pesan sobre las Fuerzas Armadas\u201d, un \u201cataque\u201d que juzgaban hab\u00eda generado \u201cdesconfianza, indisciplina, desprestigio y oprobio\u201d y exig\u00edan: \u201c(\u2026) La soluci\u00f3n pol\u00edtica que corresponde a un hecho pol\u00edtico como es la guerra contra la subversi\u00f3n\u201d. A\u00f1os despu\u00e9s, sublevaciones despu\u00e9s, los carapintadas plantear\u00edan otras exigencias ce\u00f1idas a un vehemente nacionalismo cat\u00f3lico que encarnaba el nuevo l\u00edder del movimiento, el coronel Mohamed Al\u00ed Seineld\u00edn. Pero en la Semana Santa de 1987, la consigna que impulsaba la rebeli\u00f3n era una sola: que se acabaran los juicios contra los militares acusados de delitos de lesa humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rico lo expres\u00f3 con claridad en un reportaje telef\u00f3nico con Radio Mitre en la ma\u00f1ana del viernes 17 y en el programa que conduc\u00eda el animador Juan Carlos Mareco y frente al periodista N\u00e9stor Ibarra: \u201cNuestro \u00fanico objetivo es conseguir una soluci\u00f3n pol\u00edtica, cualquiera que sea (\u2026) Una soluci\u00f3n para los cuadros intermedios a los problemas de la guerra contra la subversi\u00f3n\u201d. Cuando Mareco e Ibarra le pidieron ideas, c\u00f3mo ser\u00eda posible alcanzar esa soluci\u00f3n, Rico dijo: \u201cHay una cantidad\u2026 una serie de cosas que podr\u00edan dar soluci\u00f3n. Hay indulto, hay amnist\u00eda, estamos pidiendo una soluci\u00f3n (\u2026) Por ejemplo, una ley de pacificaci\u00f3n. Nosotros vamos a aceptar cualquiera, pero que haya una soluci\u00f3n (\u2026) Nosotros queremos que esto se termine. Creo que hemos pagado suficiente, se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gobierno pensaba en otra soluci\u00f3n, al menos para la rebeli\u00f3n que le hab\u00eda ca\u00eddo encima. Hab\u00eda ordenado al jefe del Cuerpo de Ej\u00e9rcito II, general Ernesto Alais, a que marchara a Campo de Mayo con una columna de tanques para poner fin a la rebeli\u00f3n. No fue una buena idea. Alais march\u00f3 con sus blindados a paso de ballet; nunca nadie tard\u00f3 tanto para andar tan poco. Las tropas nunca llegaron a Campo de Mayo; adem\u00e1s, al general se le plantaron en Z\u00e1rate los oficiales de rango intermedio, que se supon\u00eda eran parte de las tropas leales, y le hicieron saber que no iban a reprimir a sus camaradas rebeldes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ma\u00f1ana del s\u00e1bado 18 se hicieron m\u00e1s fuertes los intentos de mediaci\u00f3n para poner fin a la sublevaci\u00f3n. Alfons\u00edn hab\u00eda habilitado en la Casa de Gobierno algunas oficinas para albergar a pol\u00edticos de todos los partidos, dirigentes sindicales y hasta empresarios que acercaban ideas o compart\u00edan el desconcierto. Entre las figuras del peronismo destacaron en esos d\u00edas el titular del PJ, Antonio Cafiero y el jefe de la bancada de diputados, Jos\u00e9 Luis Manzano. La Plaza de Mayo segu\u00eda colmada por manifestantes convocados ese s\u00e1bado por las Juventudes Pol\u00edticas y, desde el d\u00eda anterior, miles de manifestantes se hab\u00edan dirigido a Campo de Mayo para protestar donde fuese posible hacerlo, ya que los accesos a la Escuela de Infanter\u00eda estaban cerrados. La idea de un enfrentamiento entre manifestantes y militares preocupaba al gobierno tanto como la sublevaci\u00f3n. Por la noche, el ministro Jaunarena habl\u00f3 largas y tensas dos horas con Rico en Campo de Mayo. Recibi\u00f3 cinco demandas: 1) El pase a retiro de R\u00edos Ere\u00f1\u00fa, 2) una ley de amnist\u00eda, 3) el fin de la campa\u00f1a contra las Fuerzas Armadas por parte de los medios de comunicaci\u00f3n 4) aumento del presupuesto militar y, 5) que no fueran sancionados los carapintadas amotinados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jaunarena le contest\u00f3 a Rico que R\u00edos Ere\u00f1\u00fa ya hab\u00eda pedido el retiro el jueves; que el presidente hab\u00eda anunciado un pronto env\u00edo al Congreso de otra ley, ahora de Obediencia Debida, destinada a poner fin a los juicios. Tal vez el ministro haya intentado explicarle a Rico que el gobierno nada pod\u00eda hacer con lo que informaban, analizaban, opinaban y reflejaban los medios de comunicaci\u00f3n. Como cierre de la nerviosa charla, Rico dijo que entregar\u00eda la Escuela de Infanter\u00eda al d\u00eda siguiente, Domingo de Pascua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La noche del s\u00e1bado al domingo no durmi\u00f3 nadie. Despu\u00e9s de la medianoche, la Polic\u00eda Federal inform\u00f3 al gobierno que varios camiones militares hab\u00edan salido de Campo de Mayo con destino desconocido. Al parecer, no hab\u00edan podido seguirlos. A las tres de la ma\u00f1ana, las fuerzas militares encargadas de defender la Casa de Gobierno tomaron posiciones de combate frente a una Plaza abarrotada de gente. Casi a la misma hora, Rico lleg\u00f3 en helic\u00f3ptero al comando del Ej\u00e9rcito, el edificio Libertador, a dos cuadras de la Rosada, para hablar con el general R\u00edos Ere\u00f1\u00fa. Lo acompa\u00f1aba el capit\u00e1n Breide Obeid, los dos bajaron armados con ametralladoras. El di\u00e1logo permaneci\u00f3 en secreto. Las versiones s\u00f3lo citan una infidencia que hizo Rico, la de haberle se\u00f1alado a R\u00edos Ere\u00f1\u00fa una bandera que ondeaba en la Plaza con la leyenda \u201cMontoneros\u201d. \u201cMi general \u2013dice la versi\u00f3n que dijo Rico\u2013 ese es nuestro enemigo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rico volvi\u00f3 a Campo de Mayo y, en las primeras horas de la ma\u00f1ana, hasta all\u00ed lleg\u00f3 tambi\u00e9n el ministro Jaunarena para encontrar un ambiente tenso, fr\u00edo, \u00e1spero, muy distinto al del d\u00eda anterior, cuando el jefe sublevado hab\u00eda prometido \u201centregar\u201d la Escuela de Infanter\u00eda a las tropas leales. Entre las figuras que hab\u00edan desfilado frente a los rebeldes, hab\u00eda pasado el entonces intendente de San Isidro, Melchor Posse, que hab\u00eda arriesgado que el gobierno pod\u00eda dictar una ley de amnist\u00eda. Si algo ten\u00eda claro Alfons\u00edn, era que no iba a enviar al Congreso un proyecto de ley semejante. El presidente tambi\u00e9n ten\u00eda claro algo m\u00e1s: hab\u00eda que evitar un ba\u00f1o de sangre. \u201cL\u00ednea de fuego\u201d cita un di\u00e1logo entre Rico y Jaunarena en aquella tensa ma\u00f1ana pascual. Rico, con furia apenas contenida, dijo: \u201cAqu\u00ed, el intendente de San Isidro no tuvo problemas en prometernos una ley de amnist\u00eda. Y \u00e9l es tan radical como usted\u201d. Jaunarena se encabrit\u00f3: \u201cS\u00ed, pero usted mismo acaba de decir que \u00e9l es el intendente de San Isidro. Yo soy el ministro de Defensa, no s\u00e9 si capta la diferencia\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El di\u00e1logo entre ambos subi\u00f3 de tono y de intenciones. El ministro temi\u00f3 por su seguridad f\u00edsica. Rico ladr\u00f3: \u201cUstedes nos estuvieron mintiendo\u2026\u201d, y, por fin, dijo: \u201cNosotros presentaremos la Escuela de Infanter\u00eda al Presidente\u2026\u201d. Ese fue el informe que le dio Jaunarena al presidente al regresar a la Rosada, con un agregado: \u201cHoy vi la muerte de cerca, Ra\u00fal\u2026 Est\u00e1n todos locos\u2026\u201d. Alfons\u00edn entonces, tom\u00f3 la decisi\u00f3n de ir a Campo de Mayo a hablar con los rebeldes y a recibir la Escuela de Infanter\u00eda, seg\u00fan hab\u00eda prometido Rico. Era un viaje riesgoso para el Presidente. Tambi\u00e9n era una riesgosa apuesta estrat\u00e9gica de los rebeldes: si el Presidente iba a Campo de Mayo, la cadena de mandos del Ej\u00e9rcito quedaba quebrada y desautorizada, las r\u00edgidas jerarqu\u00edas militares hab\u00edan cedido, era el fracaso del \u201cviejo generalato contaminado\u201d, seg\u00fan el decir de los carapintadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gran parte de la multitud que llenaba la Plaza decidi\u00f3 ir a pie a Campo de Mayo como una forma de hacer m\u00e1s evidente el repudio a la sublevaci\u00f3n y el apoyo a la democracia reci\u00e9n estrenada, cuyo destino qued\u00f3 tal vez torcido e incierto tras la intentona rebelde. La zona militar de Campo de Mayo ya estaba colmada por quienes hab\u00edan elegido manifestar all\u00ed su apoyo al gobierno, antes que viajar al centro de Buenos Aires. Un yerro, un gesto, una palabra mal entendida, un petardo pod\u00eda desatar una tragedia. Hasta all\u00ed viaj\u00f3 la directiva de la Coordinadora radical para convencer, o para intentar convencer, a los manifestantes de que se retiraran al menos mientras durara la negociaci\u00f3n presidencial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las dos y media de la tarde, en la Casa Rosada, Alfons\u00edn volvi\u00f3 a salir al balc\u00f3n para anunciar que iba a Campo de Mayo \u201ca intimar la rendici\u00f3n de los sediciosos\u201d. Y lanz\u00f3 un ruego: \u201cYo les pido a todos que me esperen ac\u00e1 y, si Dios quiere y nos acompa\u00f1a a todos los argentinos, dentro de un rato vendr\u00e9 con las soluciones\u201d. Dios no estaba para esas cosas, nada menos que el d\u00eda que la cristiandad celebraba Su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de iniciar temerario viaje a Campo de Mayo, Alfons\u00edn se detuvo unos minutos para rezar en la capilla de la Rosada. Despu\u00e9s, en auto y con su custodia personal a cargo del coronel Yago de Gracia, lleg\u00f3 al helipuerto de la Fuerza A\u00e9rea vecino a la capilla Stella Maris, en Retiro, donde lo esperaba el brigadier Crespo, al comando de un helic\u00f3ptero Bell 212. Desde el aire, junto a sus edecanes, entre ellos el teniente coronel Hang, junto al jefe de la Casa Militar, brigadier H\u00e9ctor Panzardi y al fot\u00f3grafo de Gobierno, V\u00edctor Bugge, vio a decenas de miles de personas que llenaban las calles de San Mart\u00edn, San Miguel, Mor\u00f3n, y Tres de Febrero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tierra lo esperaba el general Augusto Vidal, director del Instituto de Perfeccionamiento del Ej\u00e9rcito, cuya autoridad hab\u00edan pisoteado los rebeldes. Vidal le advirti\u00f3 al Presidente: \u201cNo vaya a la Escuela de Infanter\u00eda: Los \u00e1nimos siguen calientes\u201d. Alfons\u00edn pidi\u00f3 a Hang y a Vidal que fueran a buscar a Rico y \u00e9l se instal\u00f3 en el despacho del general Naldo Dasso en la Direcci\u00f3n de Institutos Militares. Veinte minutos m\u00e1s tarde lleg\u00f3 rico, junto a Venturino, Breide Obeid y Mart\u00ednez Zuvir\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cPermiso, se\u00f1or presidente\u201d, dijo Rico. Dice Gerchunoff en \u201cEl planisferio invertido\u201d que Alfons\u00edn supo de inmediato que no habr\u00eda golpe de Estado y que Rico \u201cenvuelto en sus propias contradicciones internas y en sus propias fragilidades que curiosamente se han ignorado, era su subordinado y se reconoc\u00eda como tal con un estilo disimulado por la soberbia\u201d. El brigadier Panzardi, ajeno acaso a las interpretaciones an\u00edmicas y psicol\u00f3gicas, le orden\u00f3 a Rico que se desarmara y Rico se desprendi\u00f3 del correaje, de su pistola y del cuchillo de combate que dej\u00f3 sobre un escritorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las versiones sobre el di\u00e1logo entre el presidente y el jefe rebelde var\u00edan, no mucho, seg\u00fan quien las cuente. Como en todo gran hecho de la historia argentina si algo abunda es la imprecisi\u00f3n en los relatos. Simeoni y Allegri dicen en \u201cL\u00ednea de Fuego\u201d que Alfons\u00edn inici\u00f3 la charla as\u00ed: \u201cRico, antes que nada, le voy a aclarar que no pienso aceptar, ni siquiera discutir, ning\u00fan tipo de imposiciones ni de usted, ni de su gente\u201d. Y que Rico contest\u00f3: \u201cMi comandante, yo no estoy aqu\u00ed para plantear imposiciones, sino para servir a la Patria. Nuestro \u00fanico objetivo es que usted escuche nuestros problemas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de profundizar el di\u00e1logo, Alfons\u00edn crey\u00f3 necesario recordarle a Rico: \u201cDe m\u00e1s est\u00e1 decirle que exijo una rendici\u00f3n incondicional\u201d. Rico se levant\u00f3 entonces como para dejar la charla y Alfons\u00edn le dijo \u201cSi\u00e9ntese\u201d. La versi\u00f3n oficial mencion\u00f3 una \u201corden tajante\u201d; la versi\u00f3n carapintada habl\u00f3 en cambio de una expresi\u00f3n tranquilizadora que invitaba al di\u00e1logo. Rico plante\u00f3 las condiciones sabidas: soluci\u00f3n pol\u00edtica a los juicios, renuncia de R\u00edos Ere\u00f1\u00fa, ausencia de castigo a los carapintadas sublevados. La historia oficial dice que Alfons\u00edn explic\u00f3 que estaba en marcha un proyecto de ley de Obediencia Debida, que R\u00edos Ere\u00f1\u00fa hab\u00eda pedido el retiro y que no habr\u00eda sanciones para los rebeldes: \u201cUsted sabe, Rico, cu\u00e1les son las consecuencias de todo esto\u201d. Y agrega que el Presidente cerr\u00f3 el di\u00e1logo de quince minutos con un \u201c\u00bfEstamos de acuerdo?\u201d. Rico se levant\u00f3 de su silla, se cuadr\u00f3 hizo el saludo militar y se retir\u00f3. La versi\u00f3n carapintada dice que Rico exigi\u00f3 un documento donde figurara el acuerdo, firmado por el Presidente, el ministro de Defensa, dos dirigentes pol\u00edticos y dos dirigentes gremiales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el presidente estuvo listo para dejar el despacho del general Dasso y regresar al helic\u00f3ptero, el capit\u00e1n Breide Obeid pidi\u00f3 verlo. Alfons\u00edn acept\u00f3 y escuch\u00f3 entonces una especie de argumentado lamento que expresaba tal vez a la oficialidad joven que hab\u00eda combatido en Malvinas. Breide Obeid habl\u00f3 de la \u201cguerra contra la subversi\u00f3n\u201d y la calific\u00f3 como \u201cuna guerra para lo que no est\u00e1bamos preparados\u201d. Dijo que hab\u00edan sido llevados a la guerra de Malvinas en p\u00e9simas condiciones y sin planeamiento adecuado y que luego de la derrota hab\u00edan sido \u201ctratados como delincuentes\u201d. Alfons\u00edn se conmovi\u00f3 y eso hizo que minutos m\u00e1s tarde hablara en la Plaza de Mayo de algunos sublevados como \u201ch\u00e9roes de Malvinas\u201d, lo que provoc\u00f3 una tremenda silbatina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed volvi\u00f3 Alfons\u00edn desde Campo de Mayo a la Casa de Gobierno aquel largo domingo de Pascua. Y as\u00ed fue c\u00f3mo naci\u00f3 la frase: \u201cFelices Pascuas, la casa est\u00e1 en orden\u201d, que nunca fue dicha as\u00ed, tal como pas\u00f3 a la historia. De nuevo en el magn\u00e9tico balc\u00f3n de la Rosada, junto al vicepresidente V\u00edctor Mart\u00ednez y al titular del PJ, Antonio Cafiero, entre otros, y ya casi al atardecer, Alfons\u00edn, interrumpido por estruendosas ovaciones en cada punto y aparte de su arenga, excepto cuando habl\u00f3 de \u201ch\u00e9roes de Malvinas\u201d, dijo: \u201cCompatriotas, \u00a1Felices Pascuas! Los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde, ser\u00e1n detenidos y sometidos a la Justicia. Se trata de un conjunto de hombres, algunos de ellos h\u00e9roes de la guerra de las Malvinas, que tomaron esta posici\u00f3n equivocada, y que han reiterado que su intenci\u00f3n no era la de provocar un golpe de Estado. Pero, de todas formas, han llevado al pa\u00eds a esta conmoci\u00f3n, a esta tensi\u00f3n, y han provocado estas circunstancias que todos hemos vivido, de la que ha sido protagonista fundamental el pueblo argentino en su conjunto. (\u2026) Hoy podemos todos dar gracias a Dios: la casa est\u00e1 en orden y no hay sangre en la Argentina\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo primero no era verdad: la casa no estaba en orden. Lo segundo, s\u00ed era verdad: no hab\u00eda habido sangre en la Argentina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por un pelo, pero no hubo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Ra\u00fal Alfons\u00edn era el presidente de la Naci\u00f3n. Habl\u00f3 al pa\u00eds luego de estar cara a cara con los sublevados que encabezaba Aldo Rico. 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